Cuando sentís que tu esfuerzo como madre no alcanza

Acompañar a un hijo no es una carrera de resultados inmediatos. Es un proceso silencioso y muchas veces invisible, pero profundamente transformador cuando se sostiene en el tiempo.

Desde hace un largo tiempo la idea de sembrar semillas está muy presente en mí. No todo lo que hago va a dar frutos ahora. Y aun así, sigo haciéndolo.

Con mi familia. Con mis amigos. Con las familias que acompaño en la consulta. Y hasta con las actividades que practico como hobby.

Y hoy quiero compartirlo con vos, porque esta entrada también es una semilla.

¿Alguna vez te tomaste el tiempo de enseñarle algo a tu hijo, de explicarle, de acompañarlo…y a los 5 minutos estaba haciendo exactamente lo contrario?

Qué frustrante. Y qué fácil es, en ese momento, preguntarse: ¿en qué estoy fallando? ¿por qué no alcanza?

Algo así me pasó cuando comencé a ejercer la medicina. Me imaginaba explicándoles a las familias lo que tenían que hacer para “curarse” y que ellas simplemente lo hicieran. Y eso funciona bastante cuando la indicación es una medicación. Pero cuando lo que se necesita son cambios en el estilo de vida, la historia es otra.

Me frustraba ver que una y otra vez no avanzaban como yo esperaba. Me preguntaba si no estaba diciendo lo correcto, si me estaba faltando algo, si había otra forma mejor de acompañar.

Hacer algo y querer ver una consecuencia inmediata es agotador. Desgasta. Desanima. Duele.

Pero, en realidad, la siembra y la cosecha no suceden en simultáneo. Nunca. En la naturaleza no pasa… ¿por qué pasaría en nuestras vidas?

Aceptar que los frutos no siempre se ven ahora aliviana el camino. Y cuando se trata de nuestros hijos, todavía más.

Acompañar, sostener y seguir sembrando semillas es una parte fundamental del proceso.

Si estás leyendo esto y sentís que estás cansada de insistir, de explicar, de intentar…quiero que sepas algo: no es en vano.

Porque cuando una semilla encuentra el entorno adecuado, crece. Siempre.

 

Estefanía Echarri Endocrinóloga infantil