Este es el desafío que muchas madres traen a la consulta.
El buen funcionamiento de nuestras hormonas depende en gran parte de nuestro estilo de vida.
Por eso no es extraño que en mi consulta hablemos de cambios de hábitos.
Pero una y otra vez escucho lo mismo:
La mamá quiere hacer cambios pero el papá no se involucra.
¿Es que no quiere? ¿O el cambio es más difícil de lo que parece?
La resistencia al cambio es parte del proceso.
Y no le sucede solo al papá. También le pasa a la mamá. Y al niño.
No nos gusta cambiar. Nos pone muy incómodos e impacientes.
Pero ustedes pensarán. Está bien Tefi, pero la madre aun así, intenta hacer los cambios para ayudar a su hijo.
Y eso es verdad. Pero la mamá en el 95% de los casos es parte de la consulta.
El papá no siempre puede asistir.
Entonces él no escucha la indicación médica.
No entiende por qué es tan importante que su conducta cambie.
No puede hacer sus propias preguntas.
Y, sobretodo, no hace propio el compromiso de comenzar este proceso en familia.
Cambiar el estilo de vida no es una tarea sencilla.
Por eso no tenemos que olvidar que los niños viven en sus casas.
Con sus padres, sus rutinas, sus hábitos y sus vínculos.
El cambio no puede depender solo de uno. Tiene que ser una decisión compartida.
Cuando la familia se involucra, todo se vuelve posible.
Estefanía Echarri – Endocrinóloga infantil
